Recientemente he recibido un email de Facebook, invitándome a ser amigo de Francisco Cagigas García. He de decir, que no utilizo mucho las redes sociales, pero la curiosidad me pudo y seguí con el procedimiento de contacto, comprobando felizmente, que se trataba de mi entrañable amigo Paco Cagigas. Inmediatamente me comunico con él y me comenta con el humor que le caracteriza, como dio conmigo. A una pregunta típica de Facebook, ¿conoces a Luis Prieto?, se dijo: "Sí, estuvimos juntos en la cárcel, pero mejor no hacer público los secretos", ahora querido Paco, yo si hago pública mi perplejidad al comprobar: "como tienes tanto "morro", de poner la foto de "El Dioni" en tu perfil de Facebook". Bromas aparte, esta conexión ha servido para remover y poner en marcha el "motorín" (como diría un asturiano) de mis recuerdos.

El Karatekan Judo
Fue en la segunda mitad de los años 60, cuando ingresamos en el gimnasio Karatekan Judo de la calle Cádiz en Santander, mi hermano Julián y yo. Ese mismo día, lo hacía también Iñaki Sanz Paz, quien en pocos años derrocaría al formidable Cuervas. Nos encontramos con algún conocido compañero del colegio, los hnos. Carlos y Jaime Cabello, mis primos Paco Calatayud y Juan Abaitua. Los primeros momentos fueron sencillamente alucinantes. Como impresionaban los duros calentamientos, nada que ver con la gimnasia "light" del colegio; las caídas de los veteranos con su estruendoso golpe de amortiguación al caer sin inmutarse, nosotros rodábamos como pelotas y nos levantábamos hechos polvo, eso sí, sin rechistar, ya aprenderíamos el truco; las rotaciones en los "randori" con los compañeros, los más veteranos (hnos. Gutiérrez Aja, hnos. Rincón Ortiz, Tomás Merendón, Paco Cagigas, Bravo, Roberto Cuervas-Mons, etc.), nos daban caña pero a la vez te enseñaban, y entre los novatos (Jesús Ramos, Juan Carlos G. Moncó, Osani Díez, Juan A. Iglesias, Alberto Coterillo, Guillermo Garcia, etc.) surgirían los primeros "piques". Al final sudábamos más, que cuando jugábamos al futbol vestidos "de calle", y después, a la ducha. La primera vez que nos duchábamos "como Dios nos trajo al mundo" entre todos los compañeros, puedo recordar, que no tuvimos reparo alguno y más de uno se escandalizó con lo que tuvo que presenciar por culpa de Julián, yo ya estaba vacunado.

Experimentamos cambios en los exámenes de cinturón (técnicas + competición) y en sus colores intermedios: estrenamos el cinturón bicolor, dejando atrás los antiguos cinturones que tenían un pequeño trozo de tela blanco en uno de sus extremos. Contemplamos la metamorfosis de chavales gordos y obesos, convirtiéndose en atletas con cuerpos esculturales, sin un átomo de grasa, ¿verdad Ramos?. En mi caso, no existiría tal transformación, ya que era un manojo de nervios. A decir verdad, el judo no sólo modelaba nuestros cuerpos, sino que esculpía nuestras mentes, haciéndonos mejores personas.

Vivimos cantidad de anécdotas y situaciones cómicas, que no daré los nombres de los implicados para no herir sensibilidades. Desde uno, que se presentó a un examen de cinturón con una "chuleta" de dibujitos con los movimientos de las llaves, años después medraría en el ámbito político; otro que suplicaba que te dejaras ganar por que estaba su familia viéndole, con los años sería un caso perdido; el misterio del "palomitero", que dejaba su rastro de excrementos sobre el tatami. Para todos estos delitos y otros menores, se aplicaba el castigo de la "zapatilla justiciera", que todos en mayor o menor grado padecimos, ¡joer... de dónde coño!, sacaría Palacios esas tablas que tenía por zapatillas.

Con el paso del tiempo, perdimos esa bisoñez del principiante y las fuerzas se igualan con los antiguos. Si algo distinguía al Karatekan, era el fuerte espíritu competitivo que nos inculcaba Manolo Palacios. Cada mes, un sábado, se organizaba competiciones internas del club, se disputaban combates espectaculares, algunos con tintes dramáticos y fratricidas como los que tuve con Julián, siempre con secuelas. Sirvieron para perfilar los integrantes de los equipos que más adelante defenderían los colores del Karatekan en las diferentes competiciones locales, regionales y nacionales. Para ello, se formó un grupo aguerrido de unos doce judokas, que intensificaban sus entrenamientos hasta la extenuación, con una mentalidad ganadora y donde la pérdida de un combate pasaba factura. Esta élite, se beneficiaba de la sabiduría del maestro, que instruía con todos los recursos y habilidades a su alcance, incluso algunos de sus componentes llegaron a ser campeones de España y olímpicos, como Iñaki Sanz Paz y Tomás Merendón. Yo mismo, tuve el honor de formar parte del grupo, participando en los torneos y campeonatos celebrados en Burgos, Logroño, Bilbao,... y prácticamente en la mayoría de torneos disputados en Santander, Torrelavega y Santoña, por no hablar a título individual, en los campeonatos escolares.

Lo que no éramos conscientes en aquellos años, ahora la perspectiva del tiempo (45 años) nos desvela, es que fuimos pioneros del judo en Cantabria, teniendo la suerte de disfrutar como maestro a Manuel Palacios, una extraordinaria persona y excelente yudoka, al que el destino había reservado el difícil encargo de introducir el karate en España, y bien que lo consiguió. Los nombres de Manuel Palacios y Luis Zapatero están grabados a fuego en la historia del karate español, y así lo reconoce, la Real Federación Española de Karate.

El maestro Manuel Palacios, precursor de las artes marciales en España
Manuel Palacios nació en Santander el 12 de diciembre de 1928. A los 22 años, y junto a sus amigos Roberto y Durán, entre otros, iniciaron sus prácticas en Santander, colocando unas colchonetas en un prado en el Alto San Pedro, para después, recalar en el "Gimnasio" de la Guardia de Franco, sito en la calle Alcázar de Santander. En este centro entrenaban sobre colchonetas para entrar al final en los sacos, debido a la falta de espacio.

Con Palacios aparecieron los primeros conocimientos y apuntes deportivos de Karate. En junio de 1954, en el nº 34 de la "montaña", comenzó la aventura del primer Dojo Occidental, "Dojo Montagne St Genevieve" creado por Henry Plée, pionero en Europa. Por primera vez, las cuatro artes marciales, Judo, Karate, Aikido, Kendo. Palacios tuvo sus primeras experiencias con esta práctica en el año 1957, cuando residía por trabajo (fotógrafo) en Francia. El cántabro inició sus contactos en París, en el gimnasio de Henry Plée. En su centro deportivo entrenaban, entre otros, personajes de esta especialidad que han hecho historia, como Dominique Valera, Obe y Make. De vuelta a Santander, Manuel Palacios tuvo como profesor a Marrakini, un gran admirador de nuestra tierra. Con este maestro, obtuvo el cinturón negro primer dan de Karate-Do; la primera afiliación suya es en el Instituto Internacional Yosei Kan, cuyo presidente en ese momento era el maestro Minoru Mochizuki (padre). En 1958, montó su primer gimnasio y negocio. A principios de los 60, formó su primer grupo de alumnos en Santander, sin él saber, que éstos serían los que de alguna forma, echasen la semilla de su karate por gran parte del territorio español. La primera hornada: Antonio Cortés, Juan Luis Asín, José Luis Falcones, Carlos Pardo del Olmo, Jesús García Serrano, Eduardo Gonzalez, Juan Gutierrez Vidal y José Martinez Ugarte.

De la mano de Palacios, vinieron al Karatekan, grandes maestros de las artes marciales, que hicieron historia en el deporte español. En 1966, Tatsuhiko Hattori, segundo japonés tras Hiruma (1965), que dio clases en España. En 1971, el belga Marcel Boffin (Molen Beek St. Jean, Bélgica 1941) pasó todo el año en Santander, alumno del Sensei Harada, entrena tres disciplinas Karate, Judo y Aikido. Con él vino también Julien Naessens. En 1972, el coreano Young Lee, llegó al Karatekan con un contrato de trabajo por dos años. Después llegaría a ser el entrenador del equipo nacional de judo hasta finales de 1976, y luego volvería en los 80s para preparar los juegos olímpicos de Los Ángeles 1984.

Mi buen maestro, allá donde quieras que estés, espero que sigas entrenando a Julián.

Judo infantil y alevín. Periódicos

Fuentes:

  • Fotos de Paco Cagigas

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