Día a día aumenta el número de empresarios de origen cántabro que instalan sus negocios fuera de la tierra que les viera nacer, y ante ésta verificable realidad inquiero a varios de ellos, conocidos míos, para que me expliquen su perspectiva de tan triste situación para el desarrollo de Cantabria; y he de decir que, aunque con pequeños matices, las respuestas han sido en todos ellos comunes en el fondo e inquietantes en las conclusiones. Si nos apartamos de los tópicos ciertos de una Cantabria de belleza singular y gastronomía excelente, nos encontramos con una región autónoma -aún muchos se preguntan por el interés económico que esto nos reporta- que se aletarga en un sentimiento provinciano de calidad de vida que poco a poco se desvanece para muchos en beneficio de unos pocos que controlan, por méritos propios, los canales económicos y recursos que se generan.
Cantabria, carente de unas infraestructuras modernas y competitivas, muy especialmente en el área de las comunicaciones -lo que tiene a los empresarios hasta …(busque el lector la rima) -sin tejido industrial, con ausencia de una iniciativa empresarial activa, sino más bien acomodativa y tradicional, con un comercio en declive, una parca explotación agrícola y ganadera, con una cada vez mayor emigración de nuestros hijos a otras regiones para incorporarse al mundo laboral, parece abocada a la solución mas manida, por todos parafraseada, de convertirse en una región de servicios donde seríamos camareros y socios del menos fiable de todos: el clima.
Los políticos cántabros con sus políticas del día a día (Hormaechea, con un buen arranque, se perdió en un mundo de querellas; Sieso se complació en una gestión anodina; Revilla se consuela con un populismo cateto) no pueden evitar que se note su timidez y falta de garra para hacerse escuchar en otros foros de mayor relevancia, quizás por el poco peso específico que Cantabria posee en este conjunto de autonomías donde las más importantes quieren más y las humildes sueñan con no tener menos.
Con éstas referencias no es de extrañar que sean los vascos quienes dirijan su mirada hacia nosotros como tierra vecina a tiro de conquista. Hace varios días, dentro de una agradable conversación con un profesional santanderino, hijo de uno de los próceres de esta ciudad, me hago eco de su sentir sobre todo lo anteriormente comentado a través de una graciosa pero contundente frase: “En Santander todos los pirulís están chupados”, extraída del ingenio coloquial de su progenitor.
Si seguimos únicamente embelesados por la imagen paradisíaca de nuestra tierruca, acabaremos transformándola en el lugar soñado por Rousseau para su ’buen salvaje’….. O desarrollando un modelo autonómico a la catalana que nos permita un paraíso fiscal, la última salida para lugares que no producen ni crean futuro, a pesar de ser Cantabria cuna de grandes hombres y grandes hitos.
JULIÁN PRIETO COTERILLO
EN CANTABRIA TODOS LOS PIRULÍS ESTÁN CHUPADOS
jueves 5 de mayo de 2005.
El Faro de Cantabria
